Evangelio

 

Jueves 16 de julio de 2009

Evangelio según San Mateo. Capítulo 11, 28-30.

Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón.

"Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré.
Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas:
porque mi yugo es suave y mi carga es ligera.

 

Meditación:

 

Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón.

Dice Dios: “…porque mi yugo es suave y mi carga es ligera”.

Suave es para nosotros, los hombres de buena voluntad, cumplir por lo que somos, por lo que hemos sido creados; es más, es nuestra alegría y gozo saber lo que Dios quiere, espera de nosotros, y cumplirlo fielmente: ese es el yugo suave: ser lo que somos, hacer lo que tenemos que hacer y estamos hechos para ello y tenemos vida para hacerlo; sólo por eso vivimos, para hacer este trabajo, esta labor de Dios que es suave como yugo.

Ligera es la carga del cumplimiento del deber. En cambio las cargas, las cruces de la desobediencia a la voluntad de Dios, pesan y nos ahogan.

Ligeros vamos de carga cuando sólo nuestro pensamiento, nuestro deseo y voluntad, es dejar que Dios nos ame, y Dios sólo puede demostrar su amor a los que lo aman, porque los que no le aman, aunque tienen Su amor, el Amor de todo un Dios, no lo sienten porque tienen cerrado su corazón a Él, y entonces la carga de sus sentimentalismos humanos es pesada porque, aunque vivimos en la tierra, somos almas inmortales para una vida eterna en el Cielo. Es esta nuestra condición natural y verdadera y, si no la sabemos ver, si no la aceptamos, nos aprieta el corazón por la sequedad del mundo que cada quien va a sus propios intereses y no aman si no pueden sacar nada de nosotros sus semejantes. Con un corazón contrito de dolor, angustiado de penas y magullado por el desamor de los que no saben amar porque no dejan que Dios los ame de verdad y a todas-todas, y no hay amor en los corazones y ¡pesan los corazones! En cambio los que dejan que Dios les ame, los que conocen a Dios y se dejan tratar por Él, amar por Él, esos, esos reciben en pleno corazón toda la gran potencia del amor de un Dios que lleva contigo tus penas, que comparte tus dolores y te alza cuando no puedes más y, al llevar la carga unido a Dios, Dios la lleva contigo y es ligera de soportar porque, cuando hay amor, todo, todo se puede sufrir con paciencia y humildad; es porque la Gracia de Dios suple nuestras limitaciones y, con Él, no hay más dolor que el pecar, que el pecado; lo demás, todo lo demás, se puede solucionar, porque Dios es Dios.

P. Jesús

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