Evangelio

 

Miércoles 22 de Julio de 2.009.

Evangelio según San Juan. Capítulo 20, 1. 11-18.

Aparición a María Magdalena.

El día siguiente al sábado, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio quitada la piedra del sepulcro.
María estaba fuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro,
y vio a dos ángeles de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies, donde había sido colocado el cuerpo de Jesús.
Ellos dijeron: -Mujer, ¿por qué lloras? -Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto -les respondió.
Dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús.
Le dijo Jesús: -Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: -Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.
Jesús le dijo: -¡María! Ella, volviéndose, exclamó en hebreo: -¡"Rabbuni"! -que quiere decir: "Maestro".
Jesús le dijo: -Suéltame, que aún no he subido a mi Padre; pero vete donde están mis hermanos y diles: "Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios".
Fue María Magdalena y anunció a los discípulos: -¡He visto al Señor!, y me ha dicho estas cosas.

 

Meditación:

 

Aparición a María Magdalena.

Pocos que han sido grandes pecadores y se arrepintieron en algún momento de su vida, pocos hay que sigan luego fieles a Dios, porque la carne, las costumbres y los amigos los llaman a gritos y, ellos, seducidos por lo conocido, renuncian a Dios, al sacrificio de llevar su cruz por amor, y caen y les entran siete demonios peores que el que tenían antes de arrepentirse, y posiblemente uno de ellos sea el de la astucia encubridora de que siguen siendo pecadores aunque lo disimulan por el orgullo de no querer demostrar que no aman a Dios sobre todas las cosas.

¡Mucho cuidado con los que han sido grandes y declarados pecadores, porque posiblemente no han cambiado!

Pero hay pocos, pero hay, que sí que cambian y hacen del mundo un mundo mejor y aman tanto a Dios, como lo amó María Magdalena, que es de las primeras en ir ante la tumba a llorar al Señor.

¿Cómo saber si los que dicen que se han arrepentido así es? Porque tienen que cambiar totalmente de vida; sus hechos deben ser distintos y cambiar de amigos. Por eso a veces, Dios que tanto ama a los que le aman, esos que le aman y les falta voluntad pero tienen un corazón grande para amar, les ayuda a apartarse de su vida pasada, de sus amigos, aceptando le pasen desgracias, circunstancias que harán que los que le sujetaban al mal se marchen de una vez y definitivamente, y así él-ella, podrá cambiar de vida y tener unas circunstancias nuevas, hacer cosas distintas de las que hacía y así su virtud empezará realmente una nueva vida, la vida de la fe, porque no sólo la fe salva, sino que te salvas por las obras de la fe.

P. Jesús

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