Evangelio

 

Martes 2 de Marzo de 2.010.

San Mateo 23, 1-12
Los escribas y fariseos, puestos al desnudo

Mat 23:1 Entonces Jesús habló a las multitudes y a sus discípulos
Mat 23:2 diciendo: -En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.
Mat 23:3 Haced y cumplid todo cuanto os digan; pero no obréis como ellos, pues dicen pero no hacen.
Mat 23:4 Atan cargas pesadas e insoportables y las echan sobre los hombros de los demás, pero ellos ni con uno de sus dedos quieren moverlas.
Mat 23:5 Hacen todas sus obras para que les vean los hombres. Ensanchan sus filacterias y alargan sus franjas.
Mat 23:6 Anhelan los primeros puestos en los banquetes, los primeros asientos en las sinagogas
Mat 23:7 y que les saluden en las plazas, y que la gente les llame rabbí.
Mat 23:8 Vosotros, al contrario, no os hagáis llamar rabbí, porque sólo uno es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Mat 23:9 No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque sólo uno es vuestro Padre, el celestial.
Mat 23:10 Tampoco os dejéis llamar doctores, porque vuestro doctor es uno sólo: Cristo.
Mat 23:11 Que el mayor entre vosotros sea vuestro servidor.
Mat 23:12 El que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado.

Biblia  EUNSA

 

Meditación:

Los escribas y fariseos, puestos al desnudo


Los sacerdotes; hoy “toca” hablar de nosotros sacerdotes. La gente espera de nosotros heroicidad, nos quieren como guías y nos necesitan como consejeros. Y somos hombres como todos ellos, necesitados de afecto, del afecto de Dios, que a veces, como a ellos, también se nos esconde, y parece que juega al escondite con sus instrumentos: nosotros, el clero.

Cuando digo que necesitamos afecto no quiere decir abrazos y besos; sino, respeto, educación, buenos modales con nosotros, paciencia, y muchos rezos, y sobre todo buen ejemplo, especialmente de los matrimonios, que como nosotros tienen un sacramento. Ellos, los matrimonios, son padres de hijos carnales, y nosotros, somos padres de hijos espirituales.

Cuando hacemos homilías, escritas o pronunciadas desde el púlpito para la Iglesia santa, es para ayudaros a ser santos, personas libres y felices en este mundo, para uniros al Papa, a la Iglesia Católica, a venerar a la Santa Madre de Dios, ¡María! Y amar a Cristo y honrar al Padre Dios y trabajar codo con codo con Dios Espíritu Santo, con la fiel ayuda de los Ángeles y con la intercesión de súplicas constantes por nosotros, de los santos que nos han precedido en el Amor. Hermanos, cuando abrimos nuestra boca y pronunciamos homilías, es para llenaros el corazón de más bondad, de más deseos de eternidad, de más ganas de dejarse amar por Dios. Oh hermanos, amados en Dios; mirad nuestras palabras y rezad por y para que, como vosotros, las podamos poner en práctica. ¡Os necesitamos! Nosotros, los sacerdotes os necesitamos, igual que vosotros nos necesitáis, porque todos somos y formamos el cuerpo místico de Cristo. 

Hermano, cuando veas a un sacerdote, piensa que te necesita, que necesita que reces por él, que necesita tu buen ejemplo, ¡no todo lo dan los libros! Y vosotros podéis darnos lo que necesitamos para, también como vosotros, salvarnos.

Oh hermanos, tan amados por Dios; el Sumo Sacerdote, Él, también necesitó de las oraciones de los Apóstoles, en el huerto de los olivos, y ellos… estaban dormidos. ¡No os durmáis vosotros, amigos! Rezad, pedid a Dios Padre que pase el cáliz que tantos sacerdotes hoy en día, también, les dan a beber, como así mismo, esas malas tentaciones que pasan, porque ¿sabéis?, ellos lo dejaron todo para serviros por amor de Dios, aunque a veces no saben cómo, porque la generación de hoy es distinta a la de ayer, y aun no se han escrito tratados de cómo tratar a los fieles de hoy; y tantos se van de la Iglesia porque, usando de la democracia, deciden a quien servir, y siempre suele ser al mejor postor, el que no exige gran cosa de ellos; a los que no exigen esfuerzos, sino que hablan de la fe y, ya con eso, se creen salvados; pero los santos, leed la vida de los santos, os dirán con sus vidas que la santidad se paga con la cruz, como lo hizo Jesús. Así que, yo, sacerdote, no te voy a despedir hoy diciendo que tengas muchas sonrisas y un día muy feliz, sino que te diré que seas fiel a Cristo, que cojas tu cruz, que sufras, y, sufriendo, sigas siendo fiel al que te Ama y sufrió más que tú: Jesús. La vida va de cruz; ella nos salva, si la llevamos unidos a Jesús.

P. Jesús

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