Evangelio

 

Martes 25 de Mayo de 2.010

San Marcos 10, 28-31
Recompensa de los que a todo renuncian por Cristo

Mar 10:28 Comenzó Pedro a decirle: -Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.
Mar 10:29 Jesús respondió: -En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, hermanos o hermanas, madre o padre, o hijos o campos por mí y por el Evangelio,
Mar 10:30 que no reciba en este mundo cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y, en el siglo venidero, la vida eterna.
Mar 10:31 Porque muchos primeros serán últimos, y muchos últimos serán primeros.

Biblia  EUNSA

 

Meditación:

Recompensa de los que a todo renuncian por Cristo

Tú, seas, quien seas, debes dejar toda maldad, todo vicio y egoísmo, por tu propio bien, que es tu santidad, esa santidad que sólo Dios puede darte. Y, aunque estés casado, tú puedes, debes ser santo. Así, que, hijo mío, hija mía, deja que este sacerdote te acompañe por los caminos de la vida; permíteme ir contigo y juntos, tú y yo, unidos al Señor y a la Señora, Reina de Cielos y tierra, María, seamos de los listos, de los que apostamos, renunciando a todo, para salvarnos.

Te espero en el confesonario. ¡Ahí empieza todo!

Límpiate de todo pecado y dame la mano: ¡Arriba! Yo no voy a soltarte; estoy unido a Dios Padre. Unámonos al Papa, y, renunciando a todo, vayamos en busca de la recompensa de esta Nueva Tierra, por los siglos de los siglos. ¿Te imaginas lo felices que vamos a ser eternamente con Dios y María? También con los justos y los santos. ¡Qué gozada!  No pararemos de ser felices mientras vivamos, y vamos a vivir eternamente; así qué: ¡seremos felices para siempre!

¿Quién más se apunta al plan de Dios: la salvación? ¿tú?, ¿y tú?... Vamos a ser muchos, ya lo estoy viendo… ¡Cómo vamos a disfrutar del Cielo Eterno! Según parece, allí hay todo lo más hermoso: está la Virgen María; lo más hermoso que tenemos los que vivimos la fe; a la Mujer vestida de sol y que tiene la luna bajo sus pies; y tú y yo somos sus rosas, esas que Ella ama y cuida y protege de todo mal.

¡Ven!... Ven tú también, ven que vamos a ser muchos los que vamos a renunciar a todo por Cristo.

Y dile a ese, y al otro… ¡que vengan! Ellos también pueden venir; deben venir; han de venir.

Vamos cantando canciones a María, la Mujer que nos precedió en su “Sí”.

¡Alegría! El Cielo Eterno es nuestro: ¡Vamos a resucitar después de morir!

P. Jesús

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