Evangelio
Miércoles 26 de Mayo de 2.010
San Marcos 10, 32-45
Petición de los hijos de Zebedeo
Mar 10:32 Iban de camino subiendo a Jerusalén. Jesús los precedía y ellos estaban sorprendidos: los que le seguían tenían miedo. Tomó de nuevo consigo a los doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder:
Mar 10:33 -Mirad, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas; le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles;
Mar 10:34 se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero después de tres días resucitará.
Mar 10:35 Entonces se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, diciéndole: -Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.
Mar 10:36 Él les dijo: -¿Qué queréis que os haga?
Mar 10:37 Y ellos le contestaron: -Concédenos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria.
Mar 10:38 Y Jesús les dijo: -No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo, o recibir el bautismo con que yo soy bautizado?
Mar 10:39 -Podemos -le dijeron ellos. Jesús les dijo: -Beberéis el cáliz que yo bebo y recibiréis el bautismo con que yo soy bautizado;
Mar 10:40 pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo, sino que es para quienes está dispuesto.
Mar 10:41 Al oír esto los diez comenzaron a indignarse contra Santiago y Juan.
Mar 10:42 Entonces Jesús les llamó y les dijo: -Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las oprimen, y los poderosos las avasallan.
Mar 10:43 No tiene que ser así entre vosotros; al contrario: quien quiera llegar a ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor;
Mar 10:44 y quien entre vosotros quiera ser el primero, que sea esclavo de todos:
Mar 10:45 porque el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención de muchos.
Biblia EUNSA
Meditación:
Petición de los hijos de Zebedeo
Tú y todos, como los hijos de Zebedeo, que pidieron un buen lugar para estar en la Eternidad.
Claro que habremos de sufrir un tanto, y un poco más. Pero… pero… hermanos en Cristo, acordémonos de la recompensa; acordémonos de esa vida eterna.
Ay, ya me estoy emocionando. Tanto tiempo vamos a pasar juntos con Dios y María: Toda la vida.
¡Apúntate tú también!, y dile a ese y al otro, que se apunten, porque cuantos más seamos, mejor. ¿O no?
Di que sí. Di que sí.
P. Jesús
© copyright